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Es muy habitual escuchar de boca de nuestros pacientes, frases como: “las encías me sangran, pero solo de vez en cuando”, “sí me sangran, pero lo normal”, “solo si me cepillo muy fuerte”.

La encía sana es de un color rosado pálido en las personas de raza blanca y pigmentada marrón en las personas de color, es de consistencia dura y firme y su superficie festoneada tiene aspecto de piel de naranja. Por lo tanto, si la encía esta inflamada y edematosa, de color rojizo azulado y sangra con facilidad ya podemos hablar de gingivitis.

La gingivitis es una enfermedad inflamatoria de origen bacteriano que afecta únicamente a la encía y es un proceso reversible con una buena higiene dental junto con una eliminación consecuente de la placa y los cálculos dentales por parte de un profesional. La higiene es fundamental pero hay otros factores q influyen como el tabaco, diabetes, el uso de ciertos medicamentos, sequedad de boca, cambios hormonales, restauraciones mal adaptadas….

Por lo tanto, hay que concienciar a la población de que esto es un estado patológico de las encías y que no se puede considerar como algo normal, sobre todo porque cuando persiste en el tiempo y además se dan otros factores (genéticos, ambientales, locales…)  puede desencadenar una periodontitis, en la que, además de la inflamación ya mencionada se produce una destrucción más profunda que afecta a los tejidos de soporte del diente, es decir, hueso alveolar, el cemento del diente y el ligamento periodontal. La periodontitis es una infección producida por las bacterias presentes en la placa y el sarro dental que provocan la reabsorción de los tejidos del diente favoreciendo la progresión adicional de la enfermedad, al crear un espacio debajo de la encía que denominamos bolsa periodontal, en el que cada vez se acumulan mayor cantidad de microorganismos que pueden poner en peligro la supervivencia de los dientes. Es tanto así que la clasificamos como una enfermedad irreversible que puede llegar a provocar la movilidad de las piezas dentales e incluso, en casos avanzados, la caída de las misma o que puedan requerir su extracción.

La periodontitis es una de las tres enfermedades más frecuentes en humanos, según la OMS. A partir de los 50 años, el 50% de la población padece periodontitis avanzada con riesgo a perder dientes. Tiene relación con enfermedades generales y puede aumentar el riesgo de enfermedades cardiovasculares por asociación de estimulación de agentes antiinflamatorios, que son los mismos que estimulan los depósitos en los vasos sanguíneos. También se ha asociado a embarazadas, como un posible factor de riesgo de partos prematuros y niños con bajo peso al nacer. No podemos decir que exista una trasmisión genética pero sí una tendencia genética a sufrir enfermedades periodontales.

También se ha demostrado la existencia de trasmisión de las bacterias que producen esta enfermedad entre parejas, así como entre padres a hijos. Aun así, para el desarrollo de la enfermedad no es solo necesario la presencia de las bacterias, sino también que el individuo sea susceptible a padecer la enfermedad.

La meta principal del tratamiento de la periodontitis es controlar la infección y restaurar la unión encía- diente evitando la entrada de microbios, por lo tanto,  hay que hacer un raspado y alisado de la raíz de los dientes afectados eliminando el sarro adherido y reduciendo así  la velocidad de progresión de la enfermedad y mejorando la salud gingival. No es doloroso y el paciente puede realizar una vida normal. Casi tan importante como la fase de tratamiento lo es la de mantenimiento que se suele realizar cada 3-6 meses y es donde se comprueba la colaboración e implicación por parte del paciente en una correcta y minuciosa higiene oral ya que si esta parte no se cumple el tratamiento será un fracaso y la enfermedad seguirá avanzando.

EN RESUMEN

La encía sana no sangra. Por lo tanto debemos de concienciar a la población de que el sangrado nos alerta de que algo no va bien y que en ningún caso se puede considerar como algo “normal”. Debemos de consultarlo con nuestro profesional de confianza para que nos evalúe y nos indique que es lo que debemos de hacer ante esa situación. La higiene dental es fundamental y de muchísima importancia para tener un buen estado de salud oral y que ningún tratamiento dental es sustitutivo de este hábito diario que,  únicamente, depende de nosotros mismos. El éxito de cualquier tratamiento es la prevención.